miércoles, 20 de septiembre de 2017

LAZARILLO, II: EL CURA DE MAQUEDA.


Escapé del trueno y di en el relámpago, porque este era mucho peor que el ciego. No digo más, sino que toda la miseria del mundo estaba encerrada en éste.


Tenía un arcón de madera viejo y cerrado con llave, la cual llevaba con una cinta atada a la capa. Y cuando traía comida a casa la metía en el arca y la dejaba cerrada. Y en toda la casa no había ninguna cosa de comer como suele haber en otras: algún tocino colgado cerca de la lumbre, algún queso puesto en alguna tabla o en el armario, algunos pedazos de pan que de la mesa sobran, que me parece a mí que, aunque de ello no me aprovechara, sólo con la vista me consolara.
Solamente había una ristra de cebollas en una habitación de lo alto de la casa que también tenía cerrada con llave. Me daba una cebolla cada cuatro días y cuando le pedía la llave para ir por ella, si alguien estaba presente, echaba mano al bolsillo y con gran solemnidad la desataba y me la daba diciendo:
- Toma y devuélvemela después y no comas más de la cuenta.
Como si dentro de ella estuvieran todas las conservas de Valencia, con no haber en dicha habitación, como dije, otra cosa que las cebollas colgadas de un clavo. Las cuales él tenía tan bien contadas, que si, por mi desgracia, comiera más de una ración, me costaría caro. Finalmente, yo me moría de hambre.

ACTIVIDADES
1.- Busca en el diccionario las palabras en cursiva.
2.- Escapé del trueno y di en el relámpago.  ¿Qué significa esta frase? Puede haber más de una respuesta correcta.
    a) Que había una gran tormenta.
    b) Que va de mal en peor.
    c) Que el ciego era malo, pero el cura era peor.
3.- Aunque de ello no me aprovechara, sólo con la vista me consolara.
    a) Lázaro sufría con solo ver la comida.
    b) Habría estado satisfecho con ver solo comida en aquella casa.
4.- ¿Cuál es el problema que ya tenía con el ciego y ahora se agrava con el cura?
   
Los sábados se comen en esta tierra cabezas de carnero y me enviaba por una, que costaba tres maravedís.
Cocía la cabeza y comía los ojos y la lengua y el cogote y sesos y la carne que en las quijadas tenía y me  echaba todos los huesos roídos al plato, diciendo:
- Toma, come y disfruta, que para ti es el mundo. Mejor vida tienes que el Papa.
«¡Tal te la dé Dios!», decía yo en voz baja.

Al cabo de tres semanas que estuve con él me quedé tan flaco que no me podía sostener sobre las piernas de pura hambre. Sentí que me iba a la sepultura, si Dios y mi saber no me remediaran.
Cuando en misa estábamos, no se le escapaba ninguna moneda de las que la gente daba, un ojo tenía en la
gente y el otro en mis manos. Acabado el ofertorio me quitaba el cesto y lo ponía sobre el altar.
Nunca pude robarle una blanca todo el tiempo que con él viví, o por mejor decir, morí. De la taberna nunca le traje una blanca de vino porque el vino que le sobraba de la Iglesia lo metía en el arcón y lo administraba de tal forma que le duraba toda la semana. Y por ocultar su gran mezquindad, me decía:
- Mira, mozo, los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber y por esto yo no me desmando como otros.
Mas mentía falsamente, porque en las cofradías y mortuorios que rezábamos, a costa ajena comía y bebía como un lobo.

ACTIVIDADES
1.- Que con él viví, o por mejor decir, morí.
¿Qué recurso se utiliza aquí? ¿Qué se pretende destacar?
2.- los sacerdotes han de ser muy templados en su comer y beber.
 Con esta frase se pretende criticar un defecto del cura como en todo el fragmento. ¿Cuál?

Al final Lázaro se hace con una llave del arcón y…

Pues, así como digo, metía cada noche la llave en la boca y dormía sin miedo a que el brujo de mi amo la  encontrase. Mas quisieron mis pecados que una noche que yo estaba durmiendo, la llave se colocó en mi  boca de tal manera y postura que el aire que yo echaba salía por el hueco de la llave y silbaba de tal manera que mi amo creyó, sin duda, que era el silbido de la culebra. Se levantó muy despacio con el palo en la mano y llegó a mi cama muy callado para no ser sentido por la culebra. Y cuando estuvo cerca, pensó que allí entre las pajas, donde yo estaba echado, al calor mío se había venido. Levantando bien el palo, pensando tenerla debajo y darle tal garrotazo que la matase, con toda su fuerza me descargó en la cabeza un golpe tan grande que sin ningún sentido y muy mal descalabrado me dejó.

Se preguntó mi amo qué podría ser aquella llave, la sacó de mi boca y vio que era igual a la suya. Fue luego a probarla y con ella resolvió el misterio. Debió de decir el cruel cazador:
«El ratón y la culebra que me daban guerra y comían mi comida he hallado».

ACTIVIDADES
¿Qué treta utiliza Lázaro para comer? ¿Cómo termina?

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